Concurso de los Grandes Vinos Blancos del Mundo (Estrasburgo 2019)

 Publicado el Por John Umberto Salvi

Estrasburgo es una hermosa ciudad y, por tanto, en una mañana luminosa y soleada, el 6 de abril, justo en mi 82 cumpleaños, tomé el primer vuelo desde Burdeos para encontrarme con la maravillosa Christine Collins. No empecé con buen pie, pues estaba recién operado de mi espalda, y caí en las escaleras mecánicas, por lo que tuve que ser atendido de urgencia en el mismo aeropuerto. Afortunadamente, un café y Christine me hicieron revivir, y tras un breve reposo en el Hotel Hilton me encontraba bien.

Este concurso ha evolucionado durante los años y ha alcanzado la madurez. Arrancó como Riesling du Monde y, gradualmente, fue incorporando otras variedades hasta convertirse en Grandes Vinos Blancos del Mundo hace tres años. Ahora comprende las variedades que se consideran “alsacianas” (Riesling, Silvaner, Pinot Gris, Pinot Blanc y Gewürztraminer). Este año participaron 766 vinos, de 18 países, que fueron evaluados por jueces de 19 nacionalidades. Todo un certamen internacional. El concurso es miembro de Vinofed. Christine se encuentra en su elemento, feliz, enérgica, amable, colaborativa y siempre dispuesta. Una persona tan amable y generosa como puedes encontrar, al tiempo que se ciñe estrictamente a las normas.

La cata se prolongó durante dos mañanas y catamos 35 vinos por día. Las catas eran en el Palais des Congrès, a un paso del hotel. Es tan grande que casi era más largo el paseo de la entrada hasta el ascenso, que del Hilton al Palais. El lugar era espacioso, fresco y ventilado, con condiciones óptimas para la cata.

Todo estaba en su sitio. Formamos 11 jurados, unos de 6 y otros de 7 jueces, para distribuir a los 70 catadores. Con 82 puntos se alcanzaba la medalla de plata y 85 eran los puntos necesarios para la medalla de oro. El Ministerio de Agricultura ha decretado que en Francia ningún concurso de cata pueda conceder el Gran Oro, puesto que puede llevar a confusión entre los consumidores. A pesar de que pensar así es no tener en mucha consideración la inteligencia del público, el concurso se ciñó a la norma. Tuvimos pausas para descansar cada 12 vinos.

Empleamos unas tabletas digitales modernas y sofisticadas, pero muy fáciles de usar, para introducir nuestras puntuaciones. Contamos con mantelería blanca, escupideras negras, panecillos, agua mineral y una copa. Todas las puntuaciones se tuvieron en cuenta, sin descartar los extremos. Fue todo como la seda y concluimos cada sesión mucho antes de la hora de la comida. El almuerzo se servía en el Palacio, y constó de una comida sentados el primer día y un buffet de pie el segundo.

La tarde del primer día realizamos una visita en autobús a la Cave Vinicole de Cleebourg, a una hora de distancia desde el hotel. Nos recibió la cofradía vinícola “Confrérie des Vins des Quatre Bans” y realizamos una extensa cata de sus vinos, una detallada visita de la bodega, que se completó con la proyección de una película. Tomamos bretzels frescos y, por supuesto, el típico Kougelhopf alsaciano (un pastel levado con pasas). Una tarde muy amena y que nos abrió el apetito para el magnífico chucrut preparado por el chef del Hilton, según los exigentes estándares de Christine y en gran cantidad. Un banquete digno de reyes.

La tarde del segundo día consistió en una cata de todos los vinos a concurso. A continuación se anunciaron los ganadores de los trofeos Vinofed y los siete trofeos para vinos secos. El palmarés puede consultarse en la web www.lesgrandsconcoursdumonde.com

Suponía el fin del certamen de 2019, pero Christine es una anfitriona muy generosa y hábilmente ayudad por su marido Dave nos llevó a probar el tradicional Flammenkuchen (fina masa de pan sobre la que se colocan otros alimentos; tradicionalmente cebolla cruda, panceta y, según las regiones, nata fresca o queso blanco fresco, que suele estar un poco condimentada) en la Ancienne Douane de Estrasbugo (la antigua aduana). Este lugar histórico fue erigido en 1.358 y ya era una posada en 1.401. Es un monumento histórico y sirve estas maravillosas masas de pan con panceta y cebolla y otra con el aromático queso Münster.

Christine Collins y su marido Dave deben ser felicitados por organizar y dirigir no solo uno de los concursos más rigurosos y con mayor disciplina, sino también uno de los más entretenidos y disfrutables. Es una cita importante en el calendario vitivinícola anual y uno que no puede nadie perderse si tiene la fortuna de ser invitado.

Traducción: Vicent Escamilla


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