El trabajo fiel y constante tiene su recompensa: Gruart La Mancha obtiene el certificado Systecode Excellence

 This article has photo gallery Publicado el Por Francisco González (Consejero Delegado de Gruart La Mancha)

Saca del corcho en los alcornocales. (photo: )
Saca del corcho en los alcornocales.

Este año celebramos el 30 aniversario de Gruart La Mancha (GLM) y, mirando atrás, nos encontramos con la decisión más importante de las que hemos tenido que tomar en nuestra ya no tan corta historia. Coincidió aquella fecha, de 1999, con la presentación en la Universidad de Alcalá de Henares del Proyecto Quercus.

Un día después hablé con el ingeniero que se ocupaba de nuestro inminente proyecto: GLM1, para decirle que se debería ceñir al 100% a lo que se recomendaba en el Proyecto Quercus. En realidad, tuvimos suerte. Hicimos esta planta reuniendo todos los requisitos que, ahora, nos han valido para pasar sin problemas la auditoria del Systecode Excellence, (aún tantos años después).

La decisión de aquel año no fue tan solo hacer la nueva planta, que llamamos GLM1, sino cambiar radicalmente nuestra forma de pensar sobre el sector y lo que queríamos para el futuro de nuestra empresa. La idea estaba clara y, por supuesto, desde entonces, todo el equipo de trabajo que componemos GLM se mentalizó del objetivo. Tenemos que cambiar y hacer un tipo de trabajo totalmente distinto.

Fuimos fieles a la idea y, por supuesto, constantes, pero no es menos cierto que la aventura solo era apta para locos. Teníamos que cambiar la forma de trabajar, sin tener referencia alguna de cómo sería el resultado, porque de nadie podríamos copiar ni aprender y, por tanto, sin conocimiento cierto de cuáles serían los resultados.

Pero la decisión estaba tomada y, antes de terminar el año 2000, ya teníamos GLM1 y por delante un sueño qué, en los últimos años, empezamos a saborear y disfrutar: “el control total de la trazabilidad”.

En el primer año todo era nuevo para nosotros; comprar el corcho desde el campo y traerlo a nuestro patio de forma inmediata, porque ya intuíamos que dejarlo días, semanas o meses, como algunos dejan hasta obtener mejores precios, solo podría traer problemas y más problemas que nunca se podrían eliminar en la sagrada relación vino/tapón.

Estábamos “casi” convencidos de que, si se trataba de curar bien el corcho, en nuestra tierra tendríamos buenos resultados. Y tanto que los tenemos. Ahora, hasta para darnos aún más la razón, el recién finalizado proyecto de la UCLM sobre problemas del corcho, dice claramente que, con un clima como el de La Mancha, y respetando las condiciones que tenemos en GLM, muchos de los problemas habituales que se tienen con los tapones desaparecen en el mismo patio. Un año hará falta para que el éxito esté cercano.

Algunos años hemos tardado hasta llegar a la conclusión que entre 12 y 18 meses es el tiempo que se debe tener el corcho en el patio. Con este tiempo, no solo se elimina el poco TCA que pudiese tener desde el campo, sino bastantes sustancias que ahora podemos asegurar que pueden provocar las desviaciones aromáticas que traen tan de cabeza a tantos enólogos de grandes vinos.

Tras pagar el corcho al contado y tenerlo hasta 12 meses sin tocar en el patio, hemos experimentado en todos los pasos que componen nuestro protocolo de trabajo. Posiblemente lo más importante, y que podemos contar con orgullo, es la grandísima colaboración, apoyo y confianza que hemos tenido con muchos de nuestros clientes, algunos de los más fieles de nuestro sector. Con algunos de ellos hemos realizado de forma conjunta muchas pruebas y proyectos, intentado mejorar, unas veces pequeñas cosas y otras, cosas que han dado pie a resultados importantes. Solo pondré un ejemplo de algo que me pasó personalmente con un cliente austriaco. Estaba contento con nuestros tapones, pero (y cito textualmente), me dijo: “sus tapones me gustan, pero para el vino blanco, son muy brutos”. En la cata del producto hidroalcohólico en que maceró algunos tapones, se percibía claramente astringencia motivada por exceso de taninos.

Desde ese día de Austria han pasado unos 7 años y, desde entonces, hemos podido ofrecer a técnicos de vinos blancos muy delicados la posibilidad de hacer un tratamiento anti taninos. A partir de ahí nuestros tapones nunca volverían a “ser brutos”. Pero fíjense, aquella colaboración del bodeguero austriaco y el resultado obtenido en los 5 años siguientes, nos animaron a empezar a experimentar, primero en laboratorio y después en bodega, para quitar el resto de polifenoles existentes en los tapones.

Una vez convencidos, hemos modificado una lavadora para conseguir, de forma automática, un lavado de tres efectos que nos permite conseguir los resultados deseados. Así, antes de que terminase el proyecto de la UCLM, ya estábamos haciendo en proceso industrial este tratamiento al 100% de nuestros tapones.

Igual nos fue pasando con todos los experimentos que hemos puesto en práctica en la fábrica. Ha prevalecido siempre el máximo respeto al tapón, pensando especialmente en el vino.

Una persona muy importante del sector cariñosamente me llamó loco cuando se enteró, y yo le confirmé, de que, efectivamente, cada mes realizamos 10 análisis de TCA y resto de anisoles de cada pila que tenemos en el patio. Al final, antes de procesar el corcho crudo del patio, tenemos entre 120 a 150 análisis que nos dirán claramente cómo es el corcho que vamos a trabajar.

Cambiamos el agua de las calderas cada día, como cierran herméticamente, conseguimos con un juego de llaves, y algo de tiempo, poder sacar el corcho de las calderas, sin gotear nada y muy seco, dejando el corcho cocido siempre bajo cubierto y bien ventilado.

Estoy convencido que, además de nuestra fidelidad al protocolo y constancia año tras año, hemos podido comprobar que, “muy posiblemente” el mejor clima del mundo para fabricar tapones de corcho, sea el que tenemos en La Mancha: bajo nivel de pluviometría, muy baja humedad ambiental y un clima continental. Todos los años tenemos temperaturas de -10º y +45º, son pocos los días con temperaturas propias de primavera u otoño.

Con todo esto, y con el apoyo y confianza que día a día nos demuestran la mayoría de nuestros clientes, pidiéndonos colaboración y consejo sobre el tapón ideal para sus vinos, hemos conseguido que trabajar en GLM, sea un placer y nos haga sentir orgullosos cuando recibimos las felicitaciones de técnicos y bodegueros de distintos países que, según nos cuentan, pasan meses y meses sin encontrar una sola botella con problemas de tapón.

Posiblemente por todas estas pequeñas y grandes cosas que les he comentado, hemos podido pasar con éxito total todas las auditorias de los 3 niveles del Systecode. La última, la Excellence. Así fue también tiempo atrás con la Certificación FSC.

Por último quiero dejar claro nuestro agradecimiento a todos nuestros clientes, quienes han conseguido, al cabo de los años, permitir que tengamos una pequeña fábrica de la que nos sentimos orgullosos.

Muchas gracias.


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