Visita a la tierra del Qvevri: Georgia

 Publicado el Por John Umberto Salvi

Foto: The Qvevri Project. (photo: )
Foto: The Qvevri Project.

Me emocionó mucho que me invitaran para participar como jurado de vinos en Georgia. Este país est

áá considerado como la “cuna” del vino y el lugar donde comenzó el cultivo del viñedo. Es, además, un país con una inmensa diversidad de variedades autóctonas de cepas. Estaba seguro de que sería un viaje muy interesante. Volé hasta allí vía Estambul, y llegué a Tiblisi a la indecente hora de las 4.30 de la madrugada, con lo que no llegué a mi habitación del Marriott Hotel hasta las 5.00 horas. Menos mal que la organización no había programado nada para el día siguiente, salvo la comida y la cena.

La comida fue con un hombre fascinante, Kakha Gvelesiani, que toca todos los palos. Es un hombre erudito, entretenido y una compañía deslumbrante. Me llevó a un complejo sobre la ciudad, con unas vistas fabulosas de Tiblisi. Comimos en un reservado y probamos el famoso Khinkali (empanadillas de carne), Lobio (plato de alubias) y Khachapuri (pan de queso) y pudimos hablar largo y tendido sobre Georgia y sus vinos, con nuestro anfitrión, Giga Makharadze, miembro del consejo del grupo propietario del complejo en el que estábamos y de muchas otras empresas a las que Kakha también está vinculado.

Esa tarde hubo una cena de bienvenida para los jueces. Éramos cinco: dos de Reino Unido, dos alemanes y una mujer de los EE.UU. Todos periodistas y expertos en vino. Hubo además dos jueces georgianos de la Agencia Estatal del Vino, organizadora del concurso y parte del Ministerio de Agricultura, lo que dejó el total del panel de cata en 8 miembros, pues el “octavo pasajero” fue el director general de la OIV, Jean-Marie Aurand. Cenamos a base de platos locales y la presencia de los organizadores y del ministro y secretario de Estado de Agricultura fue una prueba de la importancia que le conceden al certamen para los vinos de Georgia.

Ya al día siguiente, se programaron visitas a varias bodegas para que nos hiciéramos una idea sobre los vinos georgianos antes del concurso. Visitamos el famoso monasterio del siglo XI en Kakheti, con vinos eclécticos. El monasterio y sus antiguas tinajas (Qvevri) fueron fascinantes, en un lugar de belleza etérea, pero los vinos no eran muy buenos y la recepción carecía de dotes comerciales.

Luego tuvimos el inmenso placer de visitar el taller de un artesano de qvevris y comprobamos que se trata de un trabajo intenso y complicado, por no hablar de la temperatura a la que se trabaja y de la carga de madera necesaria para el horno.

A continuación, vivimos una cata y una comida absolutamente deliciosa en Shumi Winery, que cuenta con una colección de más de 500 variedades de vid. A una completa cata de 18 variedades le siguió una comida riquísima en los jardines con platos tradicionales y Chacha (licor de hollejos de uva) recién salido del alambique. Un momento de relax maravilloso.

Tras ello, vistamos Schuchmann Winery, el mayor productor de vinos de qvevri de Georgia y que hace un vino realmente bueno, tanto clásico, como vinificado en tinajas. El día terminó con una cena y una cata en el Château Mere Hotel, cortesía de Winiveria Winery, en la que intentamos hacer Khinkali con nuestras propias manos. Ya llegamos al hotel de madrugada, puesto que el viaje de retorno era de 150 minutos.

Al día siguiente, viernes, se celebró el Concurso Internacional de Vino de Georgia, que nos llevó toda la jornada. Empezamos con vinos blancos secos, y seguimos con tintos secos y tintos semidulces. Lamentablemente las cosas no fueron del todo bien, pues un conocido periodista inglés y Master of Wine fue nombrado presidente y planteó objeciones a la ficha de cata de la OIV al sistema del concurso. Como el certamen contaba con el patrocinio de la OIV y su director general era miembro del panel esto causó una considerable disputa y un mal ambiente. Nuestros anfitriones georgianos demostraron una paciencia inmensa. Finalmente, el presidente tuvo que aceptar el sistema, pero perdimos mucho tiempo. Se emplearon las fichas de cata de la OIV y fueron necesarios 80 puntos para el bronce, 82 para la plata, 85 para el oro y 92 para el gran oro.

La cena se desarrolló en un restaurante delicioso donde comí la mejor lubina de mi vida y donde probamos una amplia gama de vinos georgianos. El grupo siguió en un bar de vinos, pero yo opté por volver al hotel ya a medianoche.

El sábado seguimos con la cata, empezando con los blancos secos y los vinos blancos elaborados en qvevri. Luego llegaron más tintos secos y tintos en qvevri, para finalizar con semidulces y dulces y sus equivalentes en tinaja. Como la cata se celebraba en los bajos de Expo Georgia y coincidió con la 8ª Feria Internacional de Vino y Licores, la pudimos visitar y probar vinos de diversos productores antes de regresar al hotel para un pequeño descanso y arreglarnos para la cena de gala y la entrega de premios. Unos ganadores que se anunciaron con mucha pompa y con marchas militares.

De 102 vinos que participaron, 10 ganaros medallas de oro y 20 de plata. Las puntuaciones más elevadas fueron para el blanco Mtsvane 2013, de Shalauri Cellars. Nueve de las medallas de oro fueron para vinos georgianos y la décima para un vino del Medoc bordeles, Rousseau de Sipian 2008, que yo había presentado. 46 de los vinos participantes estaban elaborados en qvevri y siete de los vinos presentados eran de fuera de Georgia.

He dicho al inicio que Georgia cuenta con más de 500 variedades de uva, pero solo unas 30 de ellas se emplean para elaborar vinos que pueden encontrarse en el mercado. Entre ellas Saperavi es la más plantada y supone el 60% de toda la producción vitivinícola georgiana. Algunas otras las nombro a continuación. Blancas: Rkatsiteli, Mtsvane Kakhuri, Chinuri, Khikhvi, Kisi, Krakhuna,Tsitska, Tsolikouri.  Tintas: Saperavi, Tavkveri, Shavkapito, Chkhaveri, Ojaleshi, Aleksandrouli, Mujuretuli, Aladasturi, Usakhelouri, Jani, Dzvelshavi y Otskhanuri Sapere.

Es posible que no todo el mundo esté familiarizado con el qvevri (o kvevri). Tinajas empleadas para fermentar el mosto. Pertenecen a un antiguo modo de elaborar vino originado en Georgia y que se remonta a miles de años atrás (algunos hablan de 8.000 años).

Son ánforas cónicas de barro sin asas recubiertas en su parte interna con cera de abeja y enterradas en las bodegas a ras de suelo. En ellas se elaboran vinos ricos en taninos.

Las uvas, tintas y blancas, se prensan, se meten en el qvevri y se procede como el vino convencional. El qvevri con uvas blancas se cubre con una tapa de piedra, sellada con arcilla, y se deja a su suerte durante varios meses (un proceso similar al sistema toscano de elaborar su vinsanto). Mientras que algunos consideran que este sistema es algo arriesgado, la Unesco ha añadido este método enológico tradicional georgiano a la lista de patrimonio cultural intangible. Uno nunca sabe que se va a encontrar cuando se abre el qvevri. Además, como Georgia es un país extremadamente propenso a los terremotos, las ánforas en ocasiones se rompen y cuando se destapan se descubre que todo el vino se ha filtrado al suelo. En cualquier modo, por su originalidad está considerado como una herramienta única y fabulosa para el marketing del vino de Georgia. Menos del 10% de la producción vinícola de Georgia se elabora con el sistema del qvevri.

Era impensable terminar este artículo sin mencionar nuestra visita al Museo Nacional de Georgia, organizada por Khaka. Me impactaron un collar de cristal de roca y un león de oro macizo elaborados en el año 5.000 antes de Cristo.

En lo que respecta al vino, que era el propósito de la visita, contemplamos el qvevri más antiguo del mundo, con miles de años y, lo que fue más impresionante, las pepitas de uva consideradas las más antiguas del mundo, fechadas hace 8.000 años y certificadas como de uva para elaborar vino.

 “Los arqueólogos descubrieron muchas pepitas de uva de hace milenios en Kvemo Kartli, al sur de Tiblisi, en el Valle Marneuli, en las ruinas de Dangreuli Gora. Según sus características morfológicas y ampelográficas, las identificaron con pepitas de la variedad Vitis Vinifera Sativa”. Solo por esto valió la pena la deliciosa y formativa visita a Georgia. Debo agradecer a Kakha y a todo el resto de la organización del concurso su buen hacer y que cuidaran de nosotros como lo hicieron.

Traducción: Vicent Escamilla


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