La joven bodega Monsata Perdigón recupera el vino de Plantafina de Pedralba

 Publicado el Por Vicent Escamilla

Vinos de Monsata Perdigón, elaborados con la variedad autóctona valenciana recuperada Plantafina de Pedralba. (photo: )
Vinos de Monsata Perdigón, elaborados con la variedad autóctona valenciana recuperada Plantafina de Pedralba.

El cultivo de la vid y la elaboración de vino en la localidad valenciana de Pedralba estuvieron en auge desde el siglo XIX hasta inicios de la década de los 90 del pasado siglo XX. Una vitivinicultura que se basaba en una variedad, la Plantafina de Pedralba, que ya cultivaban los musulmanes siglos atrás para su consumo en fresco y pasificada. La llegada del regadío y la mayor rentabilidad de los cítricos y de los frutales hicieron que la variedad, y la viticultura local, prácticamente desaparecieran.

Afortunadamente, la generación más joven de dos familias de este municipio de Los Serranos, apodadas los ‘Monsata’ y los ‘Perdigón’, se empeñaron en que esta variedad de Vitis Vinifera no desapareciera. Fue así como se hicieron con dos hectáreas de viñedo y como multiplicaron la variedad a partir de material vegetal que iba a ser arrancado. Actualmente son los propietarios de las únicas parcelas de Plantafina de Pedralba.

Ahora, el fruto son dos vinos de la añada 2014 (quinto año de la vid nueva, aunque también cuentan con algunas cepas antiguas), de los que elaboran un total de 5.000 botellas en unas pequeñas instalaciones que, pese a sus dimensiones, cuentan con la tecnología necesaria para elaborar grandes vinos (frío, depósitos de acero inoxidable…).

La Plantafina de Pedralba es una variedad vigorosa y muy productiva, que de forma natural general racimos grandes y muy compactos de bayas pequeñas y piel muy fina. Por ello, los jóvenes de Monsata Perdigón tuvieron que aplicar sus conocimientos en el campo para reducir la carga de las cepas y el vigor, en pro de la concentración y de la sanidad de la uva.

La parcela se encuentra sobre un barranco con buena ventilación, con lo que al lograr “controlar” a la Plantafina de Pedralba para limitar la producción de las cepas hasta un kilo o kilo y medio por planta y con racimos más sueltos, la sanidad es total, sin necesidad de aplicar tratamientos más allá del azufre. Un viñedo que está en trámite de ser reconocido como de producción ecológica.

Como hemos dicho, elaboran dos referencias, uno monovarietal 100% Plantafina de Pedralba y un segundo vino en coupage con la Moscatel (tradicionalmente la Plantafina de Pedralba se combinaba con esta cepa o con Malvasía).

El primero de ellos es Pedralba 2014, un vino limpio y brillante, de color pajizo, vivo, con ribete acerado. En nariz sobresale la manzana Golden bien madura y la fruta blanca de hueso como el melocotón y el albaricoque. Tiene un ligero punto tropical y aparecen unas interesantes notas de membrillo. Su intensidad aromática es media. En boca es sedoso, con una acidez no muy elevada pero buena, cítrica, con un ligero carácter mineral y un interesante amargor final que le aporta longitud. Un vino franco, honesto, marcadamente Mediterráneo y que muestra que la Plantafina de Pedralba tiene un largo camino que recorrer en la vitivinicultura valenciana. Una senda que debe ser transitada de la mano de la investigación, el ensayo, la promoción y el tesón.

A continuación, catamos Pedralba Coupage 2014, en el que sus responsables querían probar el coupage clásico de la Plantafina de Pedralba con Moscatel. Está elaborado con un 60% de Plantafina de Pedralba y un 40% de Moscatel, vinificadas por separado. En copa el vino sigue presentándose limpio y brillante, pajizo amarillo y desaparece el ribete acerado. En nariz, destaca la Moscatel, con un perfil muy floral (azahar) y un punto de miel, que domina sobre el aporte frutal de la Plantafina de Pedralba, que se expresa, no obstante a través de notas de lichis y de melocotón dulce. En boca, el aporte de la Plantafina es más notable, una acidez correcta, cítrica, fresco y un punto salino, características que contrarrestan el posible empalague de la Moscatel, muy agradable de beber. Un vino muy bien elaborado, como el anterior, pero que pierde el carácter personal de la Plantafina de Pedralba.

Hay trabajo por hacer, y los jóvenes bodegueros ya están en ello. Falta por ver cómo se expresa esta variedad valenciana en contacto con el roble (bien en su fermentación, bien en su crianza), además de ajustar los porcentajes de su “matrimonio” con la Moscatel o de probar otras parejas de baile menos “mandonas” como la Malvasía, la Macabeo o la Sauvignon Blanc. Tiempo al tiempo.


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